Audrey, la musa

Sobre los artistas hay muchos clichés, unos más verdaderos que otros, algunos más acertados, algunos pura leyenda.
Sobre las musas, yo diría que sí, que existen. Que aunque te quieras sentir libre e independiente, capaz de ser influida por todas las nimiedades que ofrece la vida, no siempre ocurre así, o por lo menos no en mi caso. Así que lo confieso: sí, tengo una musa.

Audrey Hepburn en “Funny Face”

Pst! La de rojo 😉
Casualmente, la Nike de Samotracia es mi estatua favorita del Helenismo, pero es una de esas extraordinarias coincidencias de la vida.

“I honestly think
it’s the thing I like most,
to laugh.” A.H.
Embajadora de Unicef
Hasta día de hoy, mi musa ha sido víctima del merchandising más exarcebado y desconsiderado que uno pueda imaginar. Aunque, finalmente y después de mucha resistencia, he conseguido hacer las paces con el mundo por haber utilizado a mi Audrey de forma tan abusiva. Mi esperanza es que, al menos, entre toda la gente que compra productos con su imagen, alguien se molestará en descubrir al ser humano que habitaba aquel cuerpo y se dará cuenta que ella era linda, parafraseando a Quino via Miguelito, reversible.
Harper’s Bazaar
Aún recuerdo la impresión que me causó cuando era niña y vi “Sabrina”, o un poco más mayor “My Fair Lady”. 
En realidad, creo que recuerdo la impresión que me causaron todas sus películas cuando las vi por primera vez, y también recuerdo la impresión que sentí cuando me enteré que había muerto. Decepción. Como si la vida me hubiera traicionado, tan segura estaba yo de que algún día la llegaría a conocer y le podría decir, “Ms. Hepburn, thank you for being you. You have inspired me as a person and as an artist.” Y probablemente también le reconocería que era mi musa, a quien recurría cuando ninguna nimiedad ni nada extraordinario conseguía inspirarme.
No creo en cielos, así que, muy a mi pesar, no me la imagino en ningún lugar esperando a que la avalancha de admiradores que ha tenido, tiene y tendrá vayamos a saludarla. Ni tampoco creo en ángeles, como mucha gente se refiere a ella. Para mí, sencillamente, Audrey Hepburn fue un ser humano extraordinario, con un cuerpo divino, una cara preciosa y una personalidad encantadora – o lo que se puede deducir de ella sin haberla conocido personalmente-.
El otro día vi el final de un documental sobre mi musa donde la narradora comentaba que este era un mundo mejor gracias a ella, o una frase parecida, y le di la razón, y, de paso, me alegré, porque me hizo sentir que Audrey seguía inspirando, generación tras generación, más allá del cruel merchandising.
Creo que sí que ha dejado huella en muchas personas, y esperanza a rasgos generales, porque el mérito de ser ella, con sus virtudes, defectos, aciertos y fallos la hacen humana y no diosa, y por lo tanto es un ejemplo gratificante de a lo que las personas podemos aspirar a convertirnos, o el ser maravilloso por el que nos podemos dejar inspirar.
No soy una fan obsesiva ni absoluta de nada ni de nadie. El tiempo pasa, las personas cambiamos, los gustos se adaptan, las prioridades saltan de nivel, y, sin embargo, mi Audrey permanece. Supongo que ese es el trabajo de una musa, independientemente de adónde vaya y adónde esté… permanece.

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